17 enero, 2026

El Camino de Santiago en bicicleta: la experiencia de un platense que recorrió 800 kilómetros junto a su pareja

Cristian, que ahora está radicado en Chascomús, cuenta cómo fue pedalear el Camino de Santiago de Compostela con su esposa: 800 kilómetros de esfuerzo, anécdotas, paisajes y un viaje que marcó sus vidas. Habaron en EmbarcaDos y asi lo relataron.

El Camino de Santiago de Compostela es uno de los recorridos más emblemáticos del mundo, cargado de historia, espiritualidad y encuentro cultural. Millones de peregrinos lo han realizado a pie, a caballo o en bicicleta.

Entre ellos está Cristian Assante , un platense que vive en Chascomús y que decidió emprender esta travesía de casi 800 kilómetros en bicicleta junto a su esposa, María Pía.

“Soy amateur, no ando en bicicleta habitualmente. Hago gimnasio, pero nada especial. Al principio fue duro, los primeros días me costaron mucho. Sin embargo, el cuerpo se acostumbra y el camino te va llevando”, cuenta en diálogo con EmbarcaDos, que se emite los viernes a las 23 en Fm La Redonda.

La decisión de hacerlo nació de una charla con un amigo que le recomendó la experiencia. La propuesta le quedó grabada hasta que un día, junto a su pareja, decidieron concretarla. Dejaron a sus tres hijos al cuidado de la familia y partieron rumbo a Europa.

Eligieron el camino más tradicional

Eligieron el Camino Francés, la ruta más tradicional, que atraviesa pueblos medievales, ciudades históricas y paisajes únicos.

“En bici se puede hacer el camino completo en menos tiempo, y eso era clave por el trabajo y los chicos. Igual nos encontramos con desafíos: se rompió una cadena y hasta terminé en el hospital por una caída. Pero también hubo solidaridad: un italiano nos ayudó a reparar la bici en plena ruta”, recuerda Cristian.

El viaje no estuvo estrictamente planificado. Solo reservaron alojamiento para el inicio en Saint-Jean-Pied-de-Port (Francia). Luego, cada día se adaptaba a cómo se sentían y a lo que el camino les iba presentando. Esa espontaneidad los llevó a vivir experiencias únicas en albergues y pequeños pueblos.

Hay una energía especial

“Lo más lindo es la mezcla de paisajes y personas. Desde los Pirineos hasta Santiago de Compostela, pasamos por ciudades como Pamplona, León o Burgos, pero sobre todo por pueblos pequeños donde conocimos gente de todo el mundo: desde coreanos hasta isleños de Caimán. Hay una energía especial y mucha solidaridad”, destaca.

Al finalizar, obtuvieron la Compostela, el certificado oficial que acredita la realización del camino. Pero más allá del documento, el recuerdo más fuerte es el aprendizaje.

“Cuando te proponés un objetivo, lo podés lograr. Puede costar más o menos, pero se logra. Y en nuestro caso también nos fortaleció como pareja”.

Vale la pena

Hoy, Cristian y Pía no descartan volver a hacer otro camino, quizás con bicicletas eléctricas para alivianar el esfuerzo. Lo que sí tienen claro es que recomiendan la experiencia.

“Vale la pena. Es un viaje que combina cultura, espiritualidad, aventura y paisajes inolvidables”, finalizó. Asi es el Camino de Santiago en bicicleta

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